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El relator Marcelo Araujo murió a los 78 años en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde se encontraba internado por complicaciones de salud. Fue una de las voces más influyentes del relato futbolístico en la televisión argentina y dejó una marca que atravesó varias generaciones de hinchas y periodistas.

Araujo, cuyo nombre real era Lázaro Jaime Zilberman, construyó una carrera que transformó la forma de contar el fútbol en la pantalla. Con un estilo descontracturado, provocador y cargado de humor, rompió con la solemnidad tradicional del relato deportivo y se convirtió en una figura central de la televisión deportiva.

Su etapa más recordada estuvo vinculada al programa “Fútbol de Primera”, que durante años dominó las noches de domingo en Canal 13. En una época en la que los goles no circulaban de inmediato por múltiples pantallas, el ciclo se transformaba en una cita obligada para los hinchas que esperaban ver los resúmenes de la fecha.

En ese programa también consolidó una de las duplas más recordadas del periodismo deportivo junto al comentarista Enrique Macaya Márquez. El contraste entre el relato apasionado de Araujo y el análisis de Macaya generó una dinámica que marcó una época.

Entre 1991 y 2004 fue una de las figuras centrales de Torneos y Competencias, relatando el tradicional “Clásico del domingo”. Años más tarde volvería a tener un rol protagónico entre 2009 y 2014, cuando encabezó el equipo periodístico de Fútbol para Todos, el proyecto que llevó los partidos del torneo argentino a la televisión abierta durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Araujo también dejó su huella en el lenguaje del fútbol. De su relato surgieron apodos que se instalaron en el ambiente, como “El Apache” para Carlos Tevez o “El Shileno” para Marcelo Salas. Entre sus frases más recordadas quedó el popular “¡Estoy crazy, Macaya!”, uno de los momentos más emblemáticos de la televisión deportiva de los años noventa.

A lo largo de su carrera generó admiración y también controversias por su estilo frontal y su tono popular. Con el paso del tiempo, muchos comenzaron a definirlo como “el relator del pueblo”, una voz que durante décadas acompañó goles, emociones y debates futboleros de millones de argentinos./Contexto