

En una jornada cargada de tensión en los tribunales tucumanos, el juicio por el crimen de Paulina Lebbos dio sus primeros pasos con las declaraciones de los dos principales acusados. Tanto César Soto como Sergio Kaleñuk rompieron el silencio ante el tribunal compuesto por los jueces Romagnoli, Fradejas y Morales Lezica, aunque ambos coincidieron en una misma estrategia: proclamar su inocencia, denunciar persecución y negarse a responder preguntas.
César Soto: "Soy libre, pero no estoy libre"
El primero en sentarse frente al tribunal fue César Soto, expareja de Paulina y padre de su hija, quien enfrenta la acusación de homicidio agravado. En un relato marcado por la congoja, Soto hizo hincapié en el "perjuicio social" que ha sufrido durante estas dos décadas. "Perdí el contacto con mi hija. He sido perjudicado socialmente. Fui excluido", lamentó, señalando que la exposición mediática le costó diversos empleos a lo largo de los años.
El imputado también afirmó que se le impidió despedirse de Paulina y que no pudo realizar el duelo correspondiente. "Siento todo el dolor. Es un perjuicio para todos los que me rodean", agregó ante los jueces. Finalmente, con una frase contundente, resumió su presente: "Siempre, desde que pasó, estuve a la sombra, viendo cómo sobrevivo. Soy libre, pero no estoy libre".
Sergio Kaleñuk: "Nunca vi a este señor en mi vida"
Posteriormente fue el turno de Sergio Kaleñuk, hijo del fallecido secretario de José Alperovich, acusado de encubrimiento agravado. Su intervención buscó despegarse tajantemente de Soto y de la imputación que lo vincula con el hecho.
Desvinculación total: "Yo a este señor (por Soto) no lo conozco. Nunca lo vi en mi vida. No tengo nada que ver con esto", sentenció con firmeza.
Críticas a la querella: Si bien dijo compadecerse de Alberto Lebbos, cuestionó los años de señalamientos: "No justifico el ensañamiento contra mi persona. ¿Alguien se acuerda de mi familia? Nadie se pone de mi lado".
Confianza en la Justicia: Kaleñuk recordó que fue sobreseído en dos oportunidades previas y calificó la situación actual como "ilógica e injusta", cerrando su alocución con un mensaje de fe: "Confío en Dios".
La estrategia del silencio
A pesar de sus extensos descargos, ninguno de los dos aceptó someterse a las preguntas del fiscal Carlos Sale ni de la querella. Esta postura marca el inicio de un debate que se prevé largo y complejo, con una agenda que continuará en los próximos días con las primeras declaraciones testimoniales de una lista que supera los 80 citados.
Por ahora, el juicio entra en una etapa de análisis de pruebas técnicas y testimonios que buscarán contrastar estas declaraciones de inocencia con la reconstrucción de los hechos ocurrida en febrero de 2006.















