Tailandia y el ejemplo del fracaso de las burbujas turísticas

Con 40 millones de habitantes y la quinta parte de su Producto Bruto Interno generado por la industria turística, las medidas de prevención contra la pandemia paralizaron uno de los factores más importantes en el ingreso de divisas
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Ao Phra Nang, paradisíaco lugar cerca a Railay beach en Krabi, Tailandia / Foto Summit Chinchane

Tailandia es una de las naciones que mejores números muestra en las estadísticas mundiales de covid-19. La cantidad de casos no llega a 13 mil desde que comenzó la crisis de la pandemia, con 70 muertes. Esas cifras se lograron gracias a un fuerte control sanitario, que incluyó un estricto cierre inicial de las fronteras. Pero eso tuvo sus consecuencias: el 20% del PBI de Tailandia era aportado por el turismo internacional y sus 40 millones de visitantes. El cierre de fronteras implicó dejar sin operaciones a una quinta parte de su economía.

Está claro que las autoridades tailandesas no tuvieron muchas dudas en cuanto a las prioridades. Siempre fue la salud pública. Pero con el correr de los meses el impacto sobre la economía fue tan importante que comenzaron a buscar alternativas que reanimaran el turismo sin comprometer el control de la pandemia. Allí apareció una idea que ya vimos bastante en los últimos meses: una burbuja turística. Los visitantes internacionales sólo podrían ingresar a un área delimitada, en este caso Phuket, bajo controles médicos antes y durante la estadía.

Pero en tanto la prioridad seguía siendo la salud publica, la reapertura de Phuket tenía una condición: los turistas debían permanecer en cuarentena 14 días en su hotel, y recién luego eran autorizados a salir a las playas. Antes de llegar y al finalizar la cuarentena debían testearse para saber si estaban contagiados o no de covid-19.

Los resultados de la burbuja de Phuket no fueron para nada buenos. Operativa desde octubre, la propuesta tailandesa atrajo 346 turistas promedio por mes. Antes de la crisis de la pandemia eran 3 millones mensuales. El gobierno lanzó una serie de iniciativas destinadas a subsidiar el turismo interno, pero las playas tailandeses siguieron vacías.

Como ya hemos repetido en otras ocasiones, la viabilidad del turismo global depende de la estandarización de las exigencias para viajar a documentos muy específicos, como pasaportes y visas, y eventualmente exigencias médicas como vacunas o testeos como PCRs. En el caso de Tailandia, exigir una cuarentena de 14 días a los turístas que llegan de otros países aparece como exigencia sanitaria relevante, pero en tanto propuesta turística es completamente inviable. Los números lo marcan. Un viajero debería destinar 14 días a una cuarentena en un hotel para luego disfrutar de las playas.

Zonas como Phuket están hoy casi vacías. Allí el turismo internacional representaba el 90% de los ingresos para las empresas locales. Y como muestran en Bloomberg, la extensión del cierre de fronteras impacta cada vez más en el sector turismo, donde los cierres de empresas son cada vez más usuales.

Y por ahora no hay perspectivas de que Tailandia vaya a abrir sus fronteras. Para empeorar la situación, el país pasó de tener menos de 20 casos por día a fines de 2020 a mas de 200 diarios en enero. Frente a esa situación parece bastante improbable que las autoridades relajen las limitaciones.



Jorge Gobbi/ Blog de Viajes

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